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Aun así, dice Gergen, conceptos tales como la verdad, la objetividad y la observación deben ser evaluados como “peligrosos”.
Conocer la verdad a través de la observación “objetiva”, el énfasis en medir y predecir, con el fin de tener control sobre la naturaleza puede llevarnos a una situación donde se crea un “espacio de verdad” y un exterior donde todo es irrelevante o erróneo.
Gergen afirma que ese paradigma está siendo fuertemente cuestionado en su pretendida neutralidad y objetividad, ya que el observador está previamente informado desde el conjunto de relaciones sociales de la comunidad a la que pertenece. Esa comunidad, a través del lenguaje lo provee de un universo de ideas y valores que sesgan la observación. No hay neutralidad posible.
Sólo se puede hablar de conocimiento dentro de una comunidad científica dada que tiene estándares de lo relevante/lo irrelevante, lo correcto/lo incorrecto, lo racional/lo irracional, etc.
Gergen aclara que estar vivo hoy en el mundo implica que no nos acercamos a una sola voz sino que nos sumergimos en la dispersión.
Mientras que dualidades como lo verdadero/lo no verdadero, suprimen otras alternativas, en el horizonte actual se abren numerosas posibilidades cuyas hipótesis no pueden descartarse.
Esta expansión apareja cierta humildad, ya que ha dejado de existir un estatuto fundante exclusivo.
Gergen ha hecho una crítica al positivismo y sus pretensiones de neutralidad, ya que tanto la observación como la objetividad del observador son de imposible neutralidad. Tanto las distintas disciplinas a las que pueda pertenecer, como la pertenencia cultural e histórica colectiva están regidas por relaciones mediadas por el lenguaje.
La idea de verdad “única” resulta cuestionada.
Por más que la Ciencia ha desplazado a la Religión del lugar de poder hegemónico, hay relativismo cultural y abandono de los dualismos (malo/bueno, correcto/incorrecto, etc.)
El yo en contacto con pluralidad de voces, en un contexto de profundo relativismo se satura, volviéndose frágil y fluctuante. Ese es el yo saturado que da título a su obra.